|
|
Rutas por la Cuenca del Pisueña
[1] [2]
[3] [4]
[5] [6]
[7] [8] [9] [10] [11] [12] [13] [14]
Ruta 1 - La pasieguería de Selaya
DESNIVEL: La ruta discurre siempre entre los 350 y los 500
metros de altitud.
DURACIÓN: 3 horas.
DIFICULTAD: Fácil. Es conveniente prestar atención y no perder la senda
cuando el camino atraviesa alguna finca.
Descripción general de la ruta:
Los tres ríos, el Pisueña y sus afluentes Campillo y Hormillas,
definen, en la parte más alta del municipio, un espacio caracterizado
por unas peculiares formas de vida, de ocupación y de explotación del
medio.
En un paraje natural envidiable, tendremos la oportunidad de contemplar
los elementos que definen la cultura pasiega, ejemplo de desarrollo para
el resto de las comunidades montanas de la cordillera cantábrica desde
la alta Edad Media.
La ruta se inicia en Pisueña, en el lugar donde acaba la carretera que
viene aquí desde Selaya. La cabecera del río conforma la primera parte
del recorrido. Iremos del puente de Guzmazán al rellano de Losa siguiendo
"el camino de la Garma" para ascender después hasta Las Cocheras, paraje
situado en el cordal que separa el Pisueña del Campillo.
Durante esta primera hora de trayecto disfrutaremos de un variado panorama
vegetal entre el bosque de galería y el hayedo robledal que cubre la ladera
del Tujo, situada a nuestra derecha. Sin embargo, lo realmente novedoso,
es el paisaje agrario y humano. Nos encontramos en un área de poblamiento
pasiego que mantiene inalterados los caracteres que lo definieron en su
origen hace casi cinco siglos. Hoy este entorno, cada vez menos poblado,
es desde el punto de vista de su desarrollo económico uno de los más humildes
de la montaña. Pero no siempre fue así. Frente a la creencia habitual,
la pasieguería fue el origen del desarrollo económico y en buena medida
del desarrollo cultural, del ámbito montano cantábrico. El paisaje que
contemplamos, con fincas cerradas que aprovechan hasta el último rincón
de espacio cultivable e innumerables cabañas distribuídas regularmente
en las laderas de estas montañas, a fin de aprovechar todos los pastos,
no es fruto de la casualidad. Responde a una estrategia económica que
revolucionó en plena Edad Media los fundamentos de la organización del
espacio agrario. Este paisaje, que se repetirá más adelante en Campillo
y en Bustantegua, tiene su origen en el siglo XVI, cuando los primeros
pobladores del ámbito pasiego optan por transformar el espacio agrario,
convirtiendo los terrenos de monte de propiedad y uso común en fincas
cerradas de aprovechamiento individual.
Con anterioridad, todo el territorio de Montes de Pas, de cuyos límites
formaban parte estas cabeceras carredanas, habían sido espacio de uso
de la abadía de San Salvador de Oña. El monasterio burgalés disfrutó desde
el siglo XI de los derechos de pasto en las brañas pasiegas o puertos
de altura, con la capacidad incluso de ampliarlas por roza, y también
del derecho de uso de los seles, término presente a menudo en la toponimia
de la zona que designa lugares de acogida para el ganado durante la noche.
Antes aún de la ocupación mencionada, este territorio fue objeto de uso
privativo de los monteros de Espinosa, un grupo de ganaderos locales asentados
en los concejos de la villa de Espinosa, que haciendo ley de una costumbre,
hicieron suyos los viejos privilegios de Oña.
Continuando la ruta donde la dejamos, descendemos ahora hasta Campillo.
Para ello hemos de abandonar la pista que tomamos en Las Cocheras, en
la siguiente curva a la izquierda. El del Campillo es un valle de igual
condición en lo cultural, de menores dimensiones geográficas y afluente
del anterior. El descenso hacia el Norte es muy rápido y en la última
parte atraviesa de nuevo un pequeño bosque mixto dominado por hayas y
robles. Las duras condiciones de vida, asociadas al aislamiento, no han
hecho perder a las gentes de este entorno el carácter cordial con que
suelen recibir al visitante. La sencilla economía que practican contrasta
con la del fondo del valle, mejor adaptada a las condiciones actuales
del mercado. Pero esto tampoco fue así en el origen. Si hemos dicho que
el pasiego revolucionó el paisaje agrario con los cerramientos, no fue
menor el cambio en lo económico. Durante la alta Edad Media, en el contexto
de unas economías de subsistencia, sin comercialización más allá de las
producciones cobradas como rentas por los propietarios señoriales, el
régimen pasiego se aproximaba a lo mercantil.
Como resultado de un proceso minucioso de selección del ganado, los pasiegos
obtuvieron un tipo de raza bovina, bien adaptada al medio y a sus necesidades.
La vaca pasiega, ofrecía una leche de altos contenidos grasos, idónea
para la producción de derivados lácteos, que pronto alcanzaron merecida
fama y alto precio en el mercado. La desaparición de la vaca pasiega supuso
una reorientación de la cabaña hacia la recría para exportar a Castilla,
lo que se tradujo en la necesidad de estabulación permanente del ganado.
Continuando el paseo, y una vez en Campillo, tomaremos hacia el Este la
pista que atraviesa toda la ladera del valle. Allí donde finaliza, nace
un camino que asciende hasta la carretera comarcal Selaya-San Roque de
Riomiera. Descendemos por ella cien metros, y en el lugar conocido como
Prao La Casa, tras la cruz de Campillo, tomamos el camino que nos conducirá
a Bustantegua entre un singular bosque mixto atl‡ntico en donde hayas,
robles y abedules compiten por el espacio con castaños, espinos, fresnos
y acebos de gran porte.
Sobre un antiguo puente de piedra accedemos a Bustantegua.
Descendiendo por una pista pronto alcanzamos La Espina, encrucijada de
caminos entre Valvanuz, Campillo y Selaya. Todo el recorrido queda enmarcado
por la presencia, al Este, del enérgico relieve de Los Picones de Sopeña,
que guardan en su seno el magnífico hayedo de La Zamina, en la vertiente
al Miera, y actúan de pantalla orográfica para los frecuentes vientos
de poniente, lo que hace de estas cabeceras pasiegas uno de los lugares
más húmedos de la región.
 |
| Mapa de la ruta |
 |
|