EL RÍO PISUEÑA.
El río Pisueña nace en los montes de Selaya, entre
los 600 y los 800 m de altitud, y confluye con el Pas tan solo treinta
kilómetros después, salvando un importante desnivel
en una breve distancia. Esto junto a la forma redondeada de su cuenca,
(el riesgo de avenida es proporcional a su mayor circularidad),
y su localización en una de las comarcas más lluviosas
de Cantabria, hacen que se distinga por un carácter torrencial
con una dinámica muy viva y gran capacidad modeladora, como
se desprende del amplio valle que ha conseguido labrar en su último
tramo, y de las numerosas avenidas que ha protagonizado a lo largo
de la historia pese al pequeño tamaño de su cuenca.
Sus principales afluentes de Sur a Norte son el Campillo, el Junquera,
el Llerana y el Suscuaja y todos ellos oscilan entre los 5 y los
10 kilómetros de recorrido. Además de éstos,
también recibe las aguas de pequeños torrentes de
no más de 2,5 Km que pese a su reducido tamaño, se
precipitan por pendientes muy acusadas, lo que hace muy apreciable
su capacidad modeladora.
El río Pisueña se caracteriza por tener un caudal
bastante importante en relación con la pequeña superficie
de la cuenca que drena. La variación interanual es escasa,
solamente alterada por los caudales anuales anormalmente bajos correspondientes
a los años de fuerte sequía generalizada. Ocurre lo
contrario en cuanto su régimen, ya que uno de los rasgos
que mejor definen el comportamiento hidrólogico del río
Pisueña es su abultada variación mensual, ya que en
verano padece un acusado estiaje y en invierno suele sufrir los
efectos de las crecidas. Así, en los meses de mayor caudal,
se suele registrar hasta siete veces más volumen de agua
que en los más secos. Aunque la mayor parte de la precipitación
anual se concentra en los meses invernales, el mes con máximo
caudal suele ser Abril, lo que nos indica que también la
nieve tiene importancia en el régimen de este río.
A partir de dicho mes, se produce una brusca bajada en la cantidad
de agua transportada, hasta llegar a un acusado estiaje, que tiene
lugar durante los meses de Julio, Agosto y Septiembre, siendo Agosto,
el mes de caudal mínimo. A la vista de estos hechos, puede
resultar paradójico, que las mayores avenidas ocurridas en
el río Pisueña, coinciden con los meses estivales,
normalmente Agosto y Septiembre. Aunque las avenidas más
frecuentes se producen en invierno, cuando a la gran intensidad
de las precipitaciones se le une la saturación del subsuelo,
las más peligrosas y las que desafortunadamente han creado
historia, son las que se dan a finales del verano como resultado
de episodios de breves lluvias excepcionales en los que se pueden
producir precipitaciones superiores a 100 l/m2 en unas horas. Tienen
un período de retorno de medio siglo aproximadamente. En
las fuentes históricas se pueden encontrar referencias de
los efectos negativos de las avenidas ya en el siglo XIV. En 1581
se produce una gran riada que además de causar grandes daños
en molinos, casas, puentes, etc, ocasionó numerosas víctimas.
En 1736 perecieron 69 personas y en 1737, 97 más. En 1775
el agua se llevó varios puentes, pero no pudo con el puente
de piedra de Castañeda, que se mantuvo firme, aunque sí
lo destruyó algo más de medio siglo después,
en 1834. Otro acontecimiento similar sucede en 1862. Ya en es siglo
XX, nos han marcado las fechas de 1931 y sobre todo la última,
el 26 de agosto de 1983.
A pesar de estos acontecimientos, la activa naturaleza del río
Pisueña también tienen efectos positivos tanto desde
el punto de vista ambiental como desde el económico, ya que
la amplitud de su vega y las continuas avenidas que la cubren, han
dado como resultado una gran extensión de ricos suelos y
fértiles prados capaces de sostener una abundante cabaña
ganadera de orientación lechera, actividad que hasta hace
pocos años era el principal modo de vida de la comarca.
Desde el punto de vista natural, el río conforma un ecosistema
propio, derivado de unas condiciones especiales que determina el
curso fluvial. La permanente humedad hace posible el desarrollo
del característico bosque de ribera con especies como el
aliso, el roble, el fresno, el espino albar, y el sauce. Además,
este tipo de árboles, están especialmente adaptados
a las avenidas, un elemento más del ecosistema fluvial, sobre
todo el último, que gracias a su gran flexibilidad es capaz
de doblarse enteramente por la fuerza del agua, y tras la crecida
volver a su situación original. La parte alta de la comarca
es la que presenta mejor grado de conservación tanto desde
el punto de vista de la dinámica fluvial como en cuanto a
la vegetación.
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